Inteligencia emocional aplicada a mi nieta

Las rabietas o berrinches aparentemente incontrolables y sin sentido de Sofía más que inquietud me provocaron un desafío.
No descubro nada al decir que las emociones rigen nuestras vidas, reconocerlas primero y encauzarlas después  nos darán el equilibrio y armonía necesarios para afrontar el día a día.
Por eso pensé, ahora que tengo la oportunidad que mis hijos me dieron de transitar con más tiempo esta primera infancia de mi adorada Sofía ahora y pronto de mi ya querida Nina,  aplicar mis mejores conocimientos y experiencias en motivar y desarrollar su inteligencia emocional.
De alguna manera la tradicional educación escolar -salvo escuelas como Waldorf o Montessori, que son las líderes en estas disciplinas- se inclina al desarrollo de otras inteligencias como la lingüística, matemática, espacial o musical. La inteligencia emocional  la dejan para los gabinetes psicopedagógicos.  Así que nos toca a nosotros, los que estamos en la convivencia casi diaria con esos tiernos seres moldeables, darles las herramientas para manejar sus emociones .

Transmito algunas de mis experiencias:
·       La ira – reconocerla y dominarla
Por unos días no pudo comer dulces. Eso la enfureció y descontroló. No hizo falta la violencia sólo hablar, explicar, entender su llanto y acompañarla en “esa terrible pérdida” el caramelo después del almuerzo. No minimizarlo, entenderlo y sentir su dolor como propio. Fue mágico, lo entendió y al día siguiente la compota de manzana pasó a ser su manjar dulce elegido.

·       El miedo, la alegría, la tristeza, la vergüenza  – saber qué son
Subir a un tobogán alto o hamacarse “hasta el cielo” pueden dar miedo. Hablarlo, nombrarlo es el primer paso para examinar eso que le está sucediendo. 
Al principio el desafío no logrado provoca tristeza, más tarde alegría cuando sí lo alcanza. Simples situaciones, hay muchas más,  todas son oportunidades para hablar y enseñarle a explorar sus diferentes emociones. La vergüenza ante un mayor sea niño o adulto también se logrará vencer si lo sabe reconocer. Día a día avanza, sólo entendiendo lo que le pasa.

·       Las emociones por su nombre
Es importante que vaya reconociendo sus estados de ánimo con nombre y apellido, como le gusta a ella darle a todos los que intervienen en sus juegos. “Estoy enojada porque no me llevás a comprar un helado”,  “tengo miedo de subirme tan alto si no estás cerca mío”, “estoy contenta porque hoy voy a andar a caballo”. Cuando lo dice va identificando sus emociones y casi jugando aprendiendo a entender sus reacciones.

·       Razonar después de una rabieta
Cuando todo se calma, si la ira fue descontrolada y sin sentido, volver ya tranquilas sobre el tema. No dejarlo pasar. Explicarle que se pueden expresar los sentimientos y las molestias.  Ya empieza a entender  el valor del diálogo y los sentimientos que sus gritos, llantos o tristeza provocan en los otros.  
“Cómo pensás que me siento cuando te enojás y no sé la razón?”, “Entendés mi tristeza cuando no puedo parar tu llanto”, “Sabés  lo mal que me siento cuando no me dejás abrazarte?”, me mira con sus expresivos ojos de chocolate con leche  y sé que me entiende porque al rato aparece la Sofía arrepentida  enarbolando un “… perdón abu”.

·       La democracia desde el inicio
Una forma de lograrlo es después del diálogo y sabiendo que hay un entendimiento, lograr un acuerdo. Hacer un pacto a futuro, para poder recordarlo en otras contiendas.  Porque las diferentes emociones volverán a aparecer y habrá que reforzar lo conversado muchas veces hasta que se hagan pequeños hábitos.

·       Poder  expresar  y saber escuchar
Ahora que ya conoce sus sentimientos y los llama por su nombre tiene que expresarlos.  De a poco lo va logrando y las rabietas son cada vez más cortas.
El valor de poner en voz alta tanto lo que le da felicidad como lo que la inquieta le da las herramientas indispensables para los nuevos escenarios donde desarrollará su vida.
La consigna de no hablar mientras los demás hablan también lo va entendiendo. Cuando discutimos y ella grita sus argumentos encima de los míos, espero un rato y cuando le  explico lo hago despacio, mirándola a los ojos y cuando termino le pregunto si me entendió y sobre todo si está de acuerdo con lo que le dije. Sólo cuando logro su afirmación, doy por terminada la charla. De esa forma me cercioro que el pacto que hicimos es serio y podré recordárselo en algún otro desencuentro.

Estos son algunos tips que comparto como abuela, pero obviamente son los papás en el hogar donde mis nietas aprenderán a desarrollar su inteligencia emocional. Ellas los  tienen  como referente  y  primer modelo de imitación, y si de algo estoy segura es que ambas están en maravillosas manos.


Para interiorizarse más sobre este tema es importante leer Inteligencia Emocional de Daniel Goleman y específicamente aplicado a  los niños en un reportaje a este autor en este sitiohttp://blog.tiching.com/daniel-goleman-los-ninos-aprenden-la-inteligencia-emocional-en-la-vida-real-especialmente-cuando-son-jovenes/

El elogio en su justa medida

Una premisa muy difícil de lograr, por lo menos para mí.
Cómo hacer para no aplaudir un logro  de Sofía cuando veo el esfuerzo que le puso para alcanzarlo. 
Estuve investigando   una teoría que  desbanda a aquella otra que pone en un pedestal el poder del elogio para sentar las bases de la tan mentada autoestima.
Es decir hasta ayer cuando nuestros niños hacían un dibujo lo celebrábamos efusivamente resaltando una posible aptitud artística, lo mismo hacíamos con sus  habilidades deportivas o todo aquello que les significara un desafío. Pero investigaciones serias nos indican que adularlos diciéndoles que son brillantes y que su talento es extraordinario puede ser negativo y hasta terrible.
Estudios serios realizados en diferentes Universidades  demostraron que decirle a un niño que es muy inteligente hace obviamente que se sienta bien pero también puede producir miedo al fracaso.
Esto hace que de alguna forma quiera evitar las dificultades o los retos donde si no triunfa las expectativas que ponen los adultos  en él se desinflan como un globo y como  se “alimentan” de la aprobación de los mayores optan por la ley del menor esfuerzo.
Otra puede ser que el niño interprete algo así como “para qué esforzarme en una tarea difícil, si ya todos dicen que soy un genio!!”. Es más,  en cualquier momento se dará cuenta que no es un genio y su autoestima se hará añicos.
En definitiva en realidad lo que tenemos que cambiar es el foco del elogio. No adular su inteligencia o capacidades sino valorar los resultados que alcanzó y el esfuerzo que puso en ello.
De esa forma el elogio estaría emparentado con la motivación para seguir alcanzando nuevas metas.

Aquí van algunos ejemplos que podemos usar y que he estado probando con éxito:
  • Me muestra un dibujo y le digo “qué bueno!!! Contame cómo lo hiciste!! o usaste lápices o témpera?" y allí le doy a ella la última palabra.
  • Si sube a una altura que hasta hace un tiempo le daba miedo le digo.."Uhh finalmente lo lograste!!! Ahora tendremos que pensar un nuevo desafío".
  • Cuando hace unos días aprendió a hacer un nudo le dije…"Se te ve contentísima,  pensar que ayer no sabías hacerlo y hoy ya tenemos algo nuevo para mostrarle a mamá y papá".
  • Cuando hace alguna figura con la masa y que realmente tiene forma de algo concreto, le digo…"Me encanta lo que hiciste, me enseñás a hacerlo?" Esto es fantástico porque Sofía se siente  importante y me muestra cómo lo hizo sintiéndose valorada por su obra.
En fin me pareció interesante compartir estas experiencias porque siento que  las nuevas teorías tienen consistencia.
Como siempre digo toda palabra tiene que ser reforzada con  muestras de cariño, besos y abrazos que afirmen el esfuerzo, más allá de sus logros y también de sus errores. 

Mi abuelita, que era muy sabia siempre me decía “No vas a ser más porque te alaben o menos porque te critiquen, cuando te mires al espejo esa, esa sos realmente vos”. Se la voy a pasar a Sofía cuando sea un poco más grande para que mi abuelita siga viviendo en ella.

Estoy aburrida ABU!!!!

Cuando Sofía me dice eso lo primero que hago es llenarla de mimos (cosa que no me cuesta nada) y pongo la más divertida y cómplice de mis caras, la llevo cerca del área donde habitualmente juega y le digo…”Buenísimo, cerrá los ojos un ratito, ahora abrilos y mirá a tu alrededor lo primero que veas te va a servir para inventar un nuevo juego”… si me pide que participe lo hago un ratito y después sigue sola sin problema.

Otra forma es involucrarla en lo que estoy haciendo, un rinconcito para que haga masa en la cocina o “descubro con horror!!!!” lo sucio que está un muñeco y le propongo ya mismo bañarlo, en fin creo que lo que está buscando un niño cuando dice eso es….”préstame un cachito de atención” y de alguna manera uno lo guía.

Una manera divertida que voy a poner en práctica la próxima vez que me aparezca con esa frase es proponerle hacer una  “Caja contra el Aburrimiento” y la voy a llenar de papelitos de colores escritos (por ahora lo haré yo) con ideas para vencer al horrible ogro. Algunas podrían ser:
  • ·       Jugar con la masa sin mezclar los colores
  • ·       Hacer un dibujo y pintarlo sin salir de los bordes
  • ·       Andar en bici
  • ·       Regar el jardín
  • ·       Hacer pan (a Sofía le encanta)
  • ·       Poner música y bailar
  • ·       Recortar fotos de las revistas y pegarlas
  • ·       Abu lee un cuento y Sofía inventa otro
  • ·       Limpiar con su trapito amarillo y el rociador

…y uno puede ir agregándole ideas a medida que crezca.


De cualquier manera creo que al aburrimiento hay que tomarlo como una oportunidad para agudizar la imaginación, poner la mente en cero y empezar a crear.
Ahora Sofía no lo entiende pero el aburrimiento es como un telón que impide que caiga siempre en los mismos juegos y de alguna manera la impulsa a explorar en su mente llena de imágenes y sensaciones y encontrar así nuevas formas de expresión.

Trato de dosificar su adicción a las pantallas ya sea del televisor, computadora, teléfono o lo que se presente, pero también es cierto que esta es una generación electrónica-dependiente y hay que aprender a convivir con ella.
De alguna manera lo que ve, lo absorbe y aplica en los juegos que inventa, de allí la importancia de estar atentos a la temática de tanta propuesta en materia de películas y dibujos que nos invaden.

La edad que atraviesa Sofía 3 años y hasta casi los cinco,  los niños tienen que aprovechar ese regalo que es el don de la fantasía.
Ese milagro de hacer que un pedacito de madera sea un barco, un pañuelo largo la trenza de Rapunzel y unas piedritas el mayor de los manjares.
Sería fundamental que todos los que estamos cerca de ellos nos alimentáramos de esa maravilla y al participar vamos a conectarnos con nuestro niño interior que nos recordará que vinimos a este mundo sólo para jugar y ser felices.
Aprovechemos a nuestros hijos, nietos, sobrinos y todo niño que se nos acerque para

darle prioridad 1 a esta consigna y digámosle FUERA AL ABURRIMIENTO!!!! 

La siesta nuestra de cada día

Otro hábito que acompañará a Sofía  toda la vida,  es LA SIESTA.  Ese descanso un ratito después del almuerzo tan beneficioso durante los primeros cinco  años y siempre que las actividades ya de adulta se lo permitan.

Etimológicamente hablando siesta es la hora sexta, ya que los romanos dividían el tiempo diurno en doce horas, por lo tanto la sexta o siesta es la mitad del día, entre las 14 y 15 horas.
Todos los pediatras coinciden en que ese sueñito reparador les permite a nuestros niños estar más tranquilos, menos irritables, más sociables, más atentos y sobre todo les ayuda a asimilar mejor todo lo aprendido durante el día, es algo así como “resetearse” para  enfrentar las horas antes del descanso nocturno.  Y es fantástico  ya que esas son las horas que puede disfrutar  con sus padres, teniendo una calidad de ánimo mucho más dispuesto y feliz.
Por lo que hablo con otras abuelas y mis memorias  de mamá sé que si bien es cierto que dormir es una necesidad fisiológica, no todos los niños  responden de la misma manera.  Cada organismo tiene su propia necesidad, de cualquier manera mi experiencia me dice que a pesar de lo estimulante que es  el mundo actual que los impulsa a “no perder un minuto de tiempo” para explorarlo todo, es imprescindible crear el hábito.
A Sofía no la fuerzo pero sí le fui  preparando el ambiente desde chiquita para que  tome la siesta como algo agradable que viene cerquita de la finalización de la comida del mediodía.
Ahora que está más grande no es tan fácil como años anteriores, pero igual es parte de su rutina. Nos ponemos de acuerdo con Nilda, la otra abuela para que lo haga siempre a la misma hora, en un ambiente tranquilo,  media luz como para que diferencie la siesta del dormir nocturno, con ropa cómoda y la cama arreglada, mantener la habitación a una temperatura confortable, algunas veces pide que le lea un cuento, otras que le cante, otras que le ponga alguna de sus músicas preferidas, pero ella sabe que el descanso  es fundamental.
De cualquier manera yo creo que todos los niños emiten señales que tenemos que aprender a reconocer, bostezos, irritabilidad, berrinches injustificados, restregarse los ojitos, y otras señales propias de cada niño  que los papás, abuelas o quienes los cuidan  las ven como indicadores. No hay que dejar pasar mucho tiempo para proceder y encontrar el método para llevarlos a la cama, si están muy cansados es más difícil que concilien  el sueño.
Hay que tomar conciencia que la siesta es algo gratificante para los niños y también para los que están a cargo. Unas horas de sueño marcan la diferencia entre un apacible y reconfortante momento después de un día de trabajo (en el caso de los padres que regresan) o una tarde olvidable, donde padres e hijos terminan irritados.
El tiempo de duración de la siesta fue disminuyendo desde que Sofía era bebé hasta ahora que tiene 3 años. Si bien todos apuntan a decir que los niños a partir de los cinco años ya no duermen más siesta, yo  creo que si las actividades escolares lo permiten es fundamental seguir con la rutina de ese descanso después del almuerzo. Ya no será de tanto tiempo y hasta puede ser que no concilien el sueño pero un momento relajante en su habitación carga las pilas para encarar el resto del día.

Igual esto se los cuento dentro de unos años por ahora sigo disfrutando de las novedades que me depara Sofía en cada uno de nuestros encuentros.

Ahora jugamos sin juguetes

Sofía ya levanta tres deditos cuando le preguntan  su edad. Y aunque parezca trillado la realidad es que el tiempo corre para ella más rápido que para mí (afortunadamente). Ya está en la etapa maravillosa en que conversa, se comunica, comparte, se expresa y sobre todo juega.



Claro que esta nueva sociedad que transitamos con tan alto nivel de consumo pretende convencernos que jugar sin juguetes no es jugar. Y uno de pronto se convierte (por la publicidad, la comodidad o la culpa) en esclavos de las jugueterías.  Pero la realidad es que se pueden hacer cosas muy divertidas sin ellas.

Como estamos en invierno, la propuesta son juegos de adentro, pero la creatividad e ingenio que ponemos es la misma que cuando vamos a la plaza. La cuestión es que cuando juego  lo hago de verdad no “de mentira” y ella responde de la misma forma.
Les paso algunas ideas de juegos exitosos que experimentamos juntas Sofía y yo:
  •   Cocinar: Bueno es una forma de decir. Hacemos juntas la masa de pan,  con dedicación y mucha harina llega a formar el bollo. Después la estiramos y ella es la encargada de hacer las formas y colocarlas en la placa. Estamos atentas al tiempo de levado y soy yo quien las hornea, pero ella es la primera en probar su “juguete comestible” como lo bautizamos. Lo bueno de esta actividad es que le crea buenos hábitos como lavarse las manos antes de comenzar, ponerse el delantal para no ensuciarse y aprender jugando que es como mejor quedan los conceptos.

  • Vender: Con la masa de pan que nos sobra y un poco de anilina vegetal, para darle diferentes colores, hace formas que algunas veces son productos de verdulería, otras de carnicería o de bazar. La cuestión es tener mercadería para el negocio. Con una calculadora en desuso pesa y cobra todo lo que expone para la venta. Lo gracioso es que siempre todo cuesta lo mismo: dos y cuarto…. en su vocabulario la palabra inflación no existe.

  •   Pintar, cortar y pegar: Con cola plástica de colores, lápices, crayones y papel hace obras maestras para mamá y papá. Si agregamos unas revistas viejas, su tijera y pegamento embellece aún más sus cuadros, y en esta actividad puede estar muchos minutos

  • Hacer que…: es doctora, cantante, bailarina, jinete, la “seño” del Jardín, mamá o su prima más grande, todo es cuestión de representar. Y en ese espejo maravilloso nos vemos todos reflejados con su mirada y de alguna forma descubrimos a través de sus imitaciones como ella va viendo el mundo que la rodea. Los elementos con que se apoya en estos juegos no son juguetes sino lo primero que encuentra. El escobillón es su caballo, los auriculares de una radio el estetoscopio, una banana el micrófono, una caja con forma redonda el secador de pelo o tres almohadones una escalera.


    • Contar cuentos; Que yo le lea puede ser una actividad pero Sofía la enriquece sacándome el libro, mirando las figuras y contándome ella la historia. Primero parecido al original y después hace volar su imaginación y produce transformaciones que son una creación distinta cada vez.

    Estas son algunas de las propuestas que inventamos para comunicarnos a través del juego sin juguetes.

    Yo creo que el secreto que suplanta los juguetes  es la presencia con ganas, sincera del adulto sacando afuera el niño escondido que todos tenemos, compartiendo el juego que nuestros nietos nos propongan y dejarnos dirigir.

    No hay nada para enseñar, sólo dejarse llevar por la magia de su imaginación y dejárselas usar libremente sin importar que tengan o no juguetes.

    Nosotros a disfrutar !! 

    Mamá y Papá educan...los abuelos malcriamos

    Juego de  roles

    Para ser más precisa tendría que haber puesto un signo de interrogación después de malcriamos.  Cualquier madre o padre estará conmigo que esto de  educar y guiar a sus hijos no es una tarea sencilla. Todos los días  esos “locos bajitos” los enfrentan a nuevos desafíos, situaciones que les hacen perder la paciencia  y los ponen en el papel de malos de la película poniendo límites o sólo enseñando formas y conductas.
    En cambio yo como abuela, que ya fui mamá, tengo el  inmenso  placer de haber dado vuelta esa página: la de la educación. Sólo acompaño las directivas de los papás y disfruto el día a día de esta Sofía increíble  llena de sorpresas y profundas alegrías que me hace  la  vida diferente.

    Me pone mal cuando veo desazón en los ojos de los papás tratando de encauzar, poner límites y en definitiva dar las normas de hábitos y costumbres que acompañarán a sus hijos toda la vida. Yo observo y aprendo cómo quieren hacer ellos y mantengo sus directivas…pero lo bueno de este rol es que puedo descontracturar los momentos y darle el mimo o la sonrisa que no desautoriza a los padres pero pone paños fríos en el conflicto.

    En esta larga vida recorrida tengo las marcas indelebles de la educación que me impartió mi madre (fundamentalmente) y los maravillosos momentos de amor y “malacrianza” de mi abuela que duraron para mi gusto muy poco. Y la realidad es que sin poner dramatismo en el tema los abuelos normalmente nos vamos rápido (salvo yo, que pienso vivir hasta los 120), pero todo lo que le dé con cariño a mi dulce  Sofía será una forma maravillosa de quedar para siempre dentro de ella.

    Lo fantástico de  hacer el combo padres-abuelos en este primer camino es justamente la frase con la que titulé esta reflexión ….los papás educan, los abuelos malcriamos, pero con amor y respeto.
    Amor por ambos:  nuestros hijos y nietos.Respeto: por la educación que ellos imparten y no confundir a nuestros nietos con dobles mensajes. 
    Debe haber tantas formas de crianza como madres y padres hay en el mundo, lo bueno de llegar a buen puerto será siempre que la ejerzan escuchando a su corazón. Y esto es lo que los abuelos no debemos olvidar, nuestros hijos lo están haciendo como sienten que es correcto y si no lo hacen como nosotros lo haríamos no está mal, sólo es diferente.
    Los únicos beneficiados en la tolerancia que ambas partes pongamos en este juego de roles son nuestros adorados nietos. 

    Poniendo límites

    Continúo con mis reflexiones sobre los berrinches y rabietas que escribí hace un mes para esta etapa: “the terrible two” (en inglés suena  más “cool”),  referidos a los “terribles dos (años)” que atraviesa mi adorada Sofía. Los que estamos con ella aseguramos que es una época sorprendente, encantadora, divertida, por momentos cómica pero por sobre todas las cosas muy difícil.

    Uno se entusiasma porque la ve haciendo uso de su incipiente independencia, queriendo hacerlo todo sola pero ese orgullo por tanto avance se transforma en temor, impaciencia e imperiosa necesidad de disciplinar tanto desborde. Es decir comenzar a poner límites.

    Disciplinar es educar, instruir, enseñar, organizar, ordenar según el diccionario los antónimos serían azotar, flagelar, mortificar, todo lo que NO tenemos que hacer para lograr los necesarios límites.

    Los chicos a esa edad nos ponen a prueba todo el tiempo.  Explorando nuestros límites de paciencia van descubriendo el mundo, y está en nosotros fijar con firmeza puntos de referencia y apoyo seguro que le darán confianza.
    En cada límite fijado con firmeza y amor iremos sembrando las semillas del autocontrol.

    Aquí van algunas pautas producto de mi experiencia e investigación en el tema:
    • El no o el reto tiene que ser hecho con autoridad y firmeza. Aunque uno sienta que nos desafían a la larga nos ganaremos su confianza y podrán ver el “borde del precipicio” en cada acción que requiera límite. Tienen que obedecer comprendiendo, es la única forma de crearles hábitos de conducta.
    • Ante situaciones límites donde se ponen en riesgo, llámese enchufes, correr o esconderse en lugares abiertos, cruces de calle, etc. El NO tiene que ser rotundo, si la tenemos clara ellos no dudan, inclusive me da mucho resultado agacharme para ponerme a su nivel y hablarle mirándola a los ojos.
    • Tiene que haber coherencia en los mandatos. Muy importante no dar “dobles mensajes” sobre todo entre los padres. Esto es difícil pero fundamental. Sobre los criterios habría que ponerse de acuerdo en privado.  Las rutinas como el baño, las comidas, el sueño y las reglas que ordenan el   comportamiento como no pintar en las paredes, recoger los juguetes, no tirarlos porque sí, es fundamental que todos los que la estamos cuidando digamos NO a las mismas cosas.
    • Da resultado ofrecerle alternativas ante el capricho y si no resulta darle tiempo para que se le pase. Pero fundamental ser concretos. Cumplir y sostener la decisión que tomemos.
    • Dicen que cuando uno educa es mejor un premio que un castigo. Me resulta aplaudirla y festejarla cuando hace algo que ayer era motivo de capricho, como por ejemplo guardar los chiches. Eso no significa que no la siga persiguiendo con la corrección cuando hace algo indebido.
    • Estar atento y no cometer el error de pronunciar el NO respondiendo más al estado de ánimo de uno que a la situación que uno está limitando. Si de pronto uno es arbitrario no está mal reconocerlo y de forma sutil recomponer la situación. Será un entrenamiento para más adelante cuando ya mayores nos cuestionen y les tengamos que explicar que aparte de mayores somos humanos e imperfectos.
    • En la marcación del límite si bien tiene que ser hecho con firmeza es fundamental no perder el sentido del humor. No olvidarse que ellos aprenden casi todo por imitación y observación. Nuestro comportamiento tiene que concordar con el discurso, es la única forma que seamos creíbles. El buen humor es indispensable para no fracasar.
    • Está bueno transformar tanto NO en sugerencias, presentando las prohibiciones en algo más positivo. Un ejemplo sería en vez de decir “NO camines descalza” decirle “está bueno que te pongas las medias y los zapatos así no te resfriás y podemos ir a jugar a la plaza”. Explicar el NO sin nombrarlo es un buen ejercicio en esta etapa de enseñanza.

    En fin creo que los límites en esta etapa son como un gran abrazo. Una forma de mostrarles nuestro amor y contención para que se sientan seguros y protegidos.  

    Berrinches y Rabietas

    Manual de Supervivencia para papis, abus y amorosos cuidadores

    Ya el diccionario nos alerta sobre el significado y consiguiente valor de las palabras. Nos dice que el “berrinche” es enfado o disgusto grande que se manifiesta de manera exagerada con gestos, voces o llanto; enojo grande y comúnmente presente en niños entre 2 y 3 años.
    Para la "rabieta" nos alerta que es el enfado o llanto grande y de poca duración que se tiene por motivos insignificantes, y da un ejemplo: "al niño le entró una rabieta cuando le dijeron que tenía que ponerse los zapatos."
    Esta situación me da pie para hablarles de mis experiencias con Sofía que ya cumplió 2 años, creciendo con prisa y sin pausa, quien me recordó este trance olvidado en mis ya 40 años de haberlos padecido.

    Soy consciente que mantener la calma en medio de un berrinche es muy difícil. La primera palabra que me enseñaron cuando emigré a Israel fue “tzablanut” que significa paciencia. Me explicaron que para triunfar en la vida teniendo esa palabra siempre presente no había posibilidad de fracaso. Claro que para lo primero que la tuve que usar es cuando intenté aprender el idioma, pero eso es otra historia.

    Aquí van algunas reflexiones producto de mi experiencia:
    • Poner a prueba nuestro nivel de paciencia.
    No hay secretos,  todos las causas que provocan  berrinches están centradas en el hecho que no hacemos lo que ellos quieren.Hasta los 3 años se producen por necesidades como hambre, pañal sucio, un juguete, no querer dormir, no ponerse medias o una prenda de determinado color, etc., etc.
    Se frustran,  y esa primera ira la manifiestan con el que está más cerca en ese momento. Finalmente son personas chiquitas que empiezan a mostrar sus emociones, está en nosotros saber y poder guiarlos (sin morir en el intento).
    • Respetar la decisión del adulto que en ese momento afronta el berrinche.
    Si uno pone un límite, éste debe ser aceptado y respaldado por el otro que esté presente. Nada de “…pobrecita/o es una pavada…”, hay que ser firme y si es necesario llevarlo a otra habitación o fuera del conjunto para poder estar a solas. De esa situación pueden surgir acuerdos para rabietas futuras.
    • Frente al berrinche, no enojarse.
    No es una nena/e “caprichosa/o”, está manifestando algo normal y somos nosotros los encargados de entenderla y guiarla para que eso no se transforme en una conducta constante cada vez que algo no sale como ella quiere.Si cada vez que patalea o se tira al piso consigue dejar de comer para que la persiga con el tenedor para que termine su almuerzo, seguro lo tomará como una herramienta a utilizar en otras situaciones. Ahora si entiende que el “no” enérgico, seguro y sin enojo no modifica un berrinche abandonará el método porque no le resulta. Entenderá que de esa forma no se consigue nada y aceptará que no todo lo que uno quiere lo puede tener. Parece complejo pero ellos son más rápidos que nuestra dialéctica y nos ponen a prueba en cada acto.
    • Emplear tacto y adelantarse a la situación que provocará el enojo.
    Por supuesto que se tiene que poner los zapatos pero no es necesario que la acorrale en una situación que su única chance sea explotar de rabia. Allí evitar las cosas absolutas como “hay que hacer” o “no hay que hacer” simplemente explicarle a través del juego todo lo que podemos hacer con los zapatos puestos.
    • No hacerle mucho caso.
    Verificado que es un berrinche y no le duele nada entender que en ese momento está fuera de control, una parte de su cerebro no está funcionando. Por lo tanto intentar razonar con ella es inútil. Hay que esperar que el llanto y su ira cesen para comenzar el diálogo.
    • Darle tiempo y espacio.
    Solita acabará con su enojo. Asegurándonos que la rabieta no llegue a extremos como lastimarse o lastimarnos alejarnos de su vista pero haciéndole sentir que estamos a mano por si nos necesita. Seguro que sin público mi pequeño temporal hecho nena,  se transformará nuevamente en ese beba adorable que ha gritado y llorado hasta quedar rendida y se ha asustado como una tontita. Es hora de consolarla
    • Inventar algo que la distraiga.
    En el último berrinche me acordé que le encanta matar mosquitos, y nos escapamos de él buscándolos. Nunca deseé tanto ver uno, tuve suerte y encontré un rezagado al alcance de nosotras. Sólo verlo apagó la furia.
    • No dar ni castigo ni recompensa por un berrinche.
    Así entenderá que las rabietas son horribles pero no cambian nada, ni a favor ni en contra. Si la bronquita viene porque no la dejo salir al jardín, no cambiar de opinión y dejar que salga después de la tormenta emocional. De la misma forma si iba a ir a comprarle un helado antes,  seguir con la propuesta en cuanto se calmó.
    • Mantener las promesas.
    Hacerle sólo aquellas que sabemos seguro vamos a poder cumplir. Si obtenemos su confianza la mitad de la batalla está ganada.
    • Abrazarla/o
    Puede ser que uno piense que luego del berrinche la última cosa que nuestro bebé quiere es que lo abracemos. Pero ese es el punto final que la ayudará a calmarse. Un fuerte y firme abrazo sin decir nada hará que se sienta segura y de alguna manera diremos con esa acción que estamos preocupados aunque no estemos de acuerdo con su forma de actuar.
    Todos los pediatras dicen que la rebeldía es una parte fundamental del crecimiento y clara señal que los niños se desarrollan normalmente. Por lo tanto aprendamos a no reprimir los berrinches por la fuerza, intentemos controlarlos con habilidad e inteligencia a pesar de lo agotados que estemos.
    Pensemos que no es fácil crecer, ayudémoslo mientras podamos hacerlo.

    ¡¡CHAU PAÑALES!!


    Bueno, medio exagerado de mi parte pero estamos empezando a despedirnos. Hoy por primera vez conmigo me pidió sentarse en la “pelela”, se acomodó, le leí un cuento y terminó “su tarea” muy feliz. Claro que después libré una mini batalla campal para ponerle el pañal, pero esa es otra historia.



    Es cierto que reconocer las señales que nos dan para que todos sepamos que están listos para dejar los pañales es sólo la primera parte de un camino muy largo, pero fantástico, que la llevará a la real independencia y a valerse por sí sola. 
    Ese proceso terminará cuando pueda ir por su propia decisión al baño, bajarse la bombacha, limpiarse bien, volverse a vestir y lavarse correctamente las manos. Según las experiencias esto sucederá de 6  meses a 1 año y medio después de este primer comienzo.
    La verdad para el que no está en el tema suena a una tarea ciclópea pero es realmente importante, porque aprender a ir al baño es un proceso biológico, igual que caminar o hablar. Es verdad que es un hábito que se logra de forma natural, pero necesita el acompañamiento de un adulto y allí estaremos los papis primero y las/los abus o persona a cargo por un ratito, cuando nos necesiten, guiándolos pacientemente.

    Cada niño tiene un tiempo para lograr esta meta, depende del ritmo de cada uno, de las familias que lo acompañan, de la maduración, etc, etc. Habrá niños que aprendan más rápido y a otros les tomará más tiempo. Así que ese momento ideal variará en cada personita,  pero la edad promedio es entre los 2 y 3 años para el control de día y entre los 3 y los 5 para el de noche.
    Según lo que leí hay varias premisas que tendrá que cumplir el niño previo a este primer paso:
    • Caminar sin tropezarse todo el tiempo
    • Poder saltar
    • Poder correr sin caerse
    • Entender y seguir instrucciones simples como sentate, parate, vamos a jugar…..
    • Comprender cuando uno le dice que hay que esperar o tener paciencia
    • Jugar sola por períodos de 5 minutos o más
    • Avisar cuando tiene el pañal sucio y pedir que se lo cambie
    • Saber expresar con palabras que tiene ganas de hacer caca o pis
    • Cuando el pañal pasa más de 3 horas seguidas seco
    • Saber para qué se usa el inodoro y querer hacer lo que hacen los grandes para imitarlos
     
    Cómo empezar y cómo seguir lo iremos viendo en el transcurrir del día a día, cada niño nos irá mostrando las señales y nuestro buen sentido común, hará que uno se equivoque lo menos posible.  Acompañado por el inmenso amor y paciencia que le pongamos a la tarea harán un combo que nos llevará a buen puerto: en mi caso decir “Sofía ya pide!!!!!”.

    Igual acá van algunos consejos que me parecieron interesantes para tener en cuenta:

    1-     Cuando está aún con el pañal y nos avisa que se hizo, en primer lugar felicitarlo porque nos avisó y luego pedirle que traiga un pañal limpio y juntos organizarnos para cambiarlo.
    2-     Cuando nos avisa que se está haciendo en ese momento, hablarle con suma naturalidad y jamás retarlo porque no nos avisó a tiempo, sólo ir contándole lo bueno que lo hará en una próxima vez.
    3-     Cuando nos avisa antes de hacerse y nos muestra que realmente tiene ganas, acompañarla hasta la pelela y si llegó seca ayudarla sacándole el pañal y dejarla tranquila para que resuelva por sí sola ese momento. Si nos pide que nos quedemos, hacerlo y si decide estar sola  retirarnos prudentemente sin perderla de vista.

    4-     Finalmente cuando ya vemos que este hábito se fortalece durante el día, observar
          si al despertarse a la mañana el pañal está seco y si esto se continúa por al menos
          tres días seguidos es el momento para decirle chau al pañal para siempre y 
          estrenar la ropa interior.

    El tema, entiendo yo, es convertir el aprendizaje en un juego desdramatizando la situación y siguiendo con naturalidad los pasos precisos que nos irá señalando nuestra criatura. Y como las primeras veces obviamente van a ser un fracaso no hacer de ello algo traumático y volver a intentarlo la próxima vez siempre con una sonrisa y mucha paciencia.

    Discriminación de género en las jugueterías

    El tema de la discriminación sexual comienza desde la infancia. El mundo de las jugueterías y por ende los juguetes, no escapa a la formación de una identidad social que diferencia claramente los gustos para nenes y nenas.

    A los varones se los entrena con juguetes que intentan fomentar su conciencia espacial, haciéndolos así más capaces para el campo científico y a las niñas todos aquellos juegos que potencien su capacidad sensitiva y emotiva.
    Un reciente informe de la Comisión Británica para la Igualdad de Oportunidades alerta sobre este tema ya que esta discriminación priva a los varones de potenciar positivamente sus cualidades femeninas y lo mismo con las niñas,  no alienta sus capacidades en las ciencias. Aunque cada día hay más mujeres en estos campos, la gran mayoría son varones.  
    Buscando los regalos de Papá Noel y Reyes paseando por las góndolas de las grandes jugueterías pude observar perfectamente diferenciadas las de niñas  llenas de muñecas desde las de paño hasta las más sofisticadas imitando cada una de las actividades de las mamás y su coquetería femenina:  juegos de escoba, pala y trapeador hasta rubor y  pinturas de uñas o confección de collares más una variedad increíble de cocinas y casitas para las muñecas.
    Las estanterías para niños en cambio ofrecen una serie de juegos que fomentan su imaginación como mecanos, bloques de construcción, cajas de química, microscopios, trenes eléctricos, juegos deportivos con preferencia de raquetas y pelotas y una inmensa variedad de autos y camiones  Sin olvidar las armas (ahora con componentes no tan de guerra y llevándolos más al mundo espacial).

    Es obvio que está en cada comprador la posibilidad de elegir  pero eso es posible en niños más pequeños como Sofía que no tiene aún 2 años.

    Los chicos más grandes aleccionados por la publicidad  pueden sorprender con pedidos que a veces los adultos no conocen o tienen prejuicios. Una vendedora me decía: -“antes los chicos venían y elegían, hoy buscan ese juguete que vieron en la tele o promocionado por el mediático de turno, como Violeta o el Sapo Pepe”.

    Observé también que en las cajas de los juguetes educativos siempre hay un niño (varón) jugando con sumo interés, si de pronto hay una niña a ésta se la ve en un segundo plano  no participando de manera activa.

    Más allá del tema de discriminación sería interesante romper con la imagen del “rosa y el celeste” y
    animarse los padres de hijos varones a introducirlos en el mundo tierno de las muñecas o un mínimo aprendizaje de las tareas hogareñas sin temores homofóbicos que en muchos ámbitos ya han sido superados.
    De hecho hablando de este tema con un amigo que recién regresa de Europa me comentó que en una gran tienda se creó un catálogo de juguetes unisex para justamente terminar con la discriminación de género.

    Buscando material para abonar mis ideas me encuentro en YouTube una niña estadounidense de unos 4 o 5 años llamada Riley protestando sobre este tema justamente, acá el video para que lo vean:

    Como se puede observar  hasta los niños están hartos de ser manipulados.

    De cualquier manera, la experiencia nos indica que tanto hombres como mujeres seguimos siendo “machistas” de manera inconsciente, cultural, crónica o sutil.
    El mundo sigue viendo a las mujeres como menos competitivas y con menos ganas de triunfar, a pesar de elegir dirigentes femeninas y (en algunos casos) verlas actuar en esos ámbitos con éxito.
    Esta tendencia se va diluyendo de generación en generación, espero que Sofía pueda ver el cambio definitivo.

    El día a día nos muestra una sociedad en constante proceso de cambio, sin embargo muchos juguetes representan una sociedad en extinción:

    • No es cierto que la mujer esté presa en su casa sin opción profesional.
    • No es cierto que a los hombres les de asco cambiar pañales o no bañen a sus bebés.
    • No es cierto que todas  las familias “normales” tengan papá y mamá.
    Más allá que los cuentos infantiles, la publicidad o la costumbre nos lleven a consumir  pasado habrá que imponerse y no comprar o no aceptar. Finalmente los adultos somos los responsables de esta generación que se está formando.

    La vida real no cambiará si no empezamos desde la casa venciendo prejuicios como “marimacho” o “varonera” para las nenas que juegan a policías y ladrones y boxean como campeonas o “mariquitas” a los chicos que les gusta el color rosa en una remera o juegan con una Barbie sin despatarrarla y usarla como proyectil.